Nutrisnacks GroupLa transición a la jubilación
Transición · 9 min

Quién eres cuando dejas de ser lo que hacías

Durante décadas, la respuesta a «¿a qué te dedicas?» venía sola. Cuando deja de venir, aparece un vacío que no es un problema a resolver sino un proceso que lleva su tiempo.

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Persona adulta escribiendo en un cuaderno junto a una ventana con luz natural

La pregunta que se vuelve incómoda

«¿Y tú a qué te dedicas?» es la pregunta que abre cualquier conversación con un desconocido en España. Durante décadas la respuesta venía sola y decía bastante más que una profesión: decía a qué se dedicaba el día, con quién se trataba, qué se sabía hacer y qué lugar se ocupaba.

Cuando esa respuesta deja de estar disponible, muchas personas descubren que se apoyaban en ella más de lo que creían. No es vanidad: es que el trabajo organiza a la vez la agenda, las relaciones y buena parte de la idea que uno tiene de sí mismo.

Por qué el vacío aparece más tarde de lo esperado

Las primeras semanas suelen ser buenas. Se descansa, se resuelven pendientes, se disfruta de no madrugar. El desconcierto llega después, cuando lo pendiente está hecho y la novedad se agota, y sorprende precisamente por llegar tarde: si fuera a pasar algo malo, se piensa, habría pasado el primer día.

Ese desfase es lo más habitual y no indica nada anómalo. Simplemente, la estructura tarda un tiempo en echarse de menos.

Lo que no ayuda

  • Llenar la agenda de inmediato. Apuntarse a todo el primer mes suele ser una forma de no pasar por el proceso, y se abandona en bloque poco después.
  • Convertir la jubilación en un proyecto. Aplicarle objetivos, plazos y métricas reproduce exactamente lo que se acaba de dejar.
  • Compararse. Hay quien se jubila y da la vuelta al mundo, y quien encuentra sentido en su barrio y su gente. Ambas cosas están bien.
  • Esperar a sentirse motivado. La motivación suele aparecer después de empezar algo, no antes.

Lo que sí suele ayudar

No hay método, pero hay patrones que se repiten en quienes atraviesan bien esta etapa.

  1. Separar lo que hacías de lo que sabes. El puesto se termina; las competencias no. Saber organizar, tratar con gente, enseñar o resolver problemas sigue intacto y sigue siendo útil en otros contextos.
  2. Dar tiempo al proceso. Se habla de meses. Ponerse un plazo suele ser contraproducente.
  3. Mantener algún punto fijo en la semana desde el principio, aunque sea uno solo. Un ancla evita que el día se disuelva.
  4. Hablarlo. Con la pareja, con amigos, con quien ya pasó por ello. Comprobar que es común quita mucho peso.
  5. Probar sin comprometerse. Explorar cosas sabiendo que se pueden dejar, sin convertir cada intento en una decisión definitiva.

La carrera profesional era una de las respuestas a quién eres, no la única. Lo que ocurre en esta etapa no es perderla: es descubrir cuáles eran las otras.

Una nota sobre las jubilaciones no elegidas

No es lo mismo jubilarse cuando toca que hacerlo por un despido, por una enfermedad o por cuidar a alguien. Cuando la salida no se ha elegido, al proceso se le suma el duelo por algo que se interrumpió, y suele costar más y llevar más tiempo. Merece la pena reconocerlo en lugar de exigirse la misma adaptación que a quien llegó a esta etapa en sus términos.

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